lunes 5 de noviembre de 2007

LA PROTECCIÓN DE LOS CERROS ORIENTALES HACEN UN LLAMADO URGENTE A LA URBANIZACIÓN DE BOGOTÁ

El asentamiento urbano en la capital del país se ha disparado en los últimos años y ha causado que el pulmón más grande para los capitalinos se encuentre en vías de extinción. Pese a la normatividad para su conservación, la falta de controles y los sobornos a los organismos territoriales están poniendo en jaque la buena respiración de los habitantes de la ciudad.

Los cerros orientales ocupan el espacio comprendido entre la parte superior de la carrera séptima y se extienden en una porción de tierra de un poco más de 30 Km² constituyéndose como la segunda fuente de purificación de aire en Bogotá. Las otras dos restantes son el parque metropolitano Simón Bolívar y los humedales y reservas naturales de la localidad de Usme los cuales son descuidados en mayores proporciones por la administración de la ciudad.

Actualmente las posibilidades de adquirir vivienda con créditos mucho mas asequibles para las personas han disparado la construcción en este sector y están poniendo en riesgo una de las últimas vías de purificación de aire en Bogotá.

Esta preocupación fue discutida en plenaria en el Consejo de Bogotá en el año 2006 donde se aprobó un decreto que promovía la conservación de los cerros orientales e imponía limitantes a las empresas constructoras que desearan emprender proyectos de vivienda en ese sector.

Se delegó a la CAR (Corporación Autónoma Regional) para que se encargara de su recuperación, señalización y conservación. No obstante la presión de grandes compañías han hecho posible ver como se han permeado un sinnúmero de prerrogativas y es tal la evidencia que los proyectos más caros y lujosos de vivienda se desarrollan en este sector si medir si acaso el impacto que generan.

En Colombia no es raro ver como los organismos del estado están constantemente expuestos a intentos de soborno, la ventaja es que muchos de estos se ventilan a la luz pública. Sin embargo, el tema ambiental, que ha sido de poco interés para la ciudadanía se ha descuidado y es por eso que hoy se cuenta con menos del 50% de los recursos a comparación de hace tan solo 20 años.

Debe constituirse como alta prioridad para la agenda pública de la ciudad su conservación dado que el grado de contaminación de los carros y las industrias generan actualmente el mayor porcentaje de problemas respiratorios y en la piel en las personas.

Los intentos para su conservación han sido pocos, y a excepción del ya mencionado decreto, algo que sugiera su preservación no es fácilmente encontrado.

Bogotá cuenta con un plan de desarrollo muy ambicioso que contempla nuevas y mejores vías, calles más iluminadas y mejor seguridad en los sectores de mayor congruencia de público, pero ¿el tema ambiental donde queda?.

Está estipulado que es deber de la administración preservar la existencia de los cerros y para esto se trazó un claro sendero en el que no es posible ninguna clase de construcción o asentamiento urbano, además de un rango de seguridad en el cual las personas no pueden transitar dado el efecto huella (resentimiento en el suelo) que generan. Son actualmente denominados reservas naturales, y tal y como lo es Guatavita, o la represa del Neusa, son en supuesto de primordial atención del ministerio de medio ambiente.

Sin embargo la corrupción y la poca preocupación por su conservación denota claramente que esto no se cumple, siendo necesaria la implementación de medidas y controles más drásticos para aquel que infrinja la normatividad.

Es raro observar como las ciudades más modernas y “desarrolladas” hoy en día prestan la mayor atención a la conservación de sus parques, lagos y árboles, llegando al punto de demoler urbanizaciones completas para la creación de nuevos centros de recreación, que además de embellecer la ciudad brindan mejoras en la calidad de vida de sus habitantes, principalmente en el área de la salud.

Lastimosamente Bogotá pareciera ser la excepción. Si bien se ha tratado de mejorar los pequeños parques de los barrios se ha pensado más en el diseño que en la funcionalidad que deben cumplir. Se observa que las zonas verdes casi desaparecieron por completo y hoy en día aunque estén rodeados de bellos caminos para trotar, barras para hacer ejercicio su principal función, la de purificar el aire, se ha reducido dado que es mas importante “verse bien”.

Es por esto que si la ciudadanía no presta mayor atención a la conservación de sus cerros mediante presiones a los organismos que presenten corrupción, y, si no se le exige a la policía mayor vigilancia, pronto la capital se verá con graves problemas ambientales, como ocurre en México D.F. y tal vez tengamos que recurrir a los tan populares bares de oxigeno que no serían más que una creciente degradación en la vida de las personas por culpa de unos pocos corruptos.