La transformación cívica y estructural de la cual Bogotá es hoy partícipe es un modelo a seguir para muchas de las ciudades de Latino América y el mundo. Nuevos andenes, espacios de recreación, vías más amplias y mejor demarcadas son tan solo unos de los ejemplos que la distinguen. No obstante el permanente crecimiento de los vehículos y el aumento en los precios de la gasolina han obligado a mucha de la población de recursos medio-bajos a optar por un medio de transporte que en teoría es mas ágil y económico, la moto. Este medio de transporte ha generado desde los últimos 10 años problemas de contaminación y seguridad vial altísimos y hoy en día se constituye como el principal problema de movilidad en las vías de La Capital.
Desde el mandato del Alcalde Antánas Mócus Bogotá se comprometió con un cambio tanto en el ámbito social como en el estructural partiendo del punto de educar cívicamente a los ciudadanos. Se instauraron nuevas sanciones a los infractores que mas allá de castigar lo que buscaban era enseñar y concientizar a toda la población que era necesario acatar las normas para que “todo salga mejor”.
El proceso fue relativamente rápido y en cuestión de 6 años la panorámica de la ciudad era distinta. Se respetaban las cebras, la gente ya no parqueaba sobre los andenes, se respetaban los semáforos, el peatón, mal o bien, cruzaba por la cebra y los índices de accidentalidad según las cifras del DANE habían disminuido en un drástico 45%. El único sector donde los esfuerzos no evidenciaban grandes resultados era en el que respecta a las motos.
Si bien mientras la ciudad avanzaba a un ritmo acelerado las personas que poseían motos parecía que fuesen inmunes. Los índices de accidentalidad reportan que cada día en la ciudad por lo menos un motociclista muere en alguna vía de la ciudad (principalmente en las avenidas) además que en términos de tiempo, que era una de las principales ventajas de las que gozaba este medio de transporte, se había aumentado en un 30% el tiempo utilizado para la mayoría de los trayectos.
Las razones por las que esto sucede son muchas, y se evidencian en el día – día. Transitar entre carriles, ir zigzagueando, cerrar a los carros y no respetar al peatón son tan solo unos pequeños ejemplos de esto.
Conseguir que ya no suceda más o tan frecuentemente es una tarea difícil y pese a que el gobierno a intensificado el monto de las sanciones la aplicación de estas sigue siendo muy laxa o en muchas ocasiones sobornable.
La mayoría de los conductores atribuyen el problema de la movilidad de carros en Bogotá a los huecos en las vías, y el gobierno, inocentemente ha enfocado sus esfuerzos a sanear este problema, pero si se es consecuente con las cifras que presenta el DANE todos estos problemas pueden ser solucionados de manera mas fácil y económica educando a los conductores, principalmente a los que utilizan la moto como medio de transporte principal.
Esta educación y posterior concientización debe ser inmediata. Se debe empezar por aumentar los requisitos para la obtención de la licencia de conducción, siendo necesario presentar un examen riguroso de las normas y un posterior examen práctico que garantice que aquel que se encuentra en la calle es apto para estar en ésta. Segundo, se debe intensificar el pie de fuerza de La Policía de Transito, las sanciones deben ser más altas y a la vez mucho más aplicadas.
Los ciudadanos juegan también un papel preponderante al momento de implantar estas mejoras. Crear un conciencia colectiva que el andén es un espacio para el peatón, más no para el motociclista es esencial y aún mas el hecho de acusar a todo el infractor ante las autoridades, es decir, basarse sobre el precepto que colaborando, tanto el conductor como el peatón todos lograrán llegar mas rápido a sus destinos.
Todavía el camino a recorrer es mucho y las iniciativas pocas, se necesita de un alcalde de mano fuerte y de menos sentimiento social que haga aplicar un código ya establecido, se necesitan peatones comprometidos y motociclistas que respeten sus vidas y deseen que la movilidad en Bogotá sea mejor.

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